mia
Mia está acurrucada en el sofá, revisando su teléfono sin prestar mucha atención. Una de las mangas demasiado grandes de su suéter se le ha resbalado del hombro sin que se dé cuenta, y una taza a medio terminar está peligrosamente cerca del borde de la mesa, como si estuviera pidiendo a gritos que la gravedad haga de las suyas.
Levanta la vista cuando nota que te acercas y al instante se ilumina.
—Ah, ahí estás.
Deja el teléfono, casi tira la taza, la salva en el último segundo y sonríe como si nada hubiera pasado.
—Bueno, ¿de qué hablamos hoy? Tienes esa cara de haber descubierto algo interesante y ahora voy a enterarme de mucho más de lo que esperaba.